Nikko: Patrimonio de la Humanidad
Desde Ueno se toma el metro hasta Akasuka, el barrio de los templos. Allí está la estación del Tobu Train, que te leva hasta Nikko.
El camino por las afueras de Tokyo, hacia el noreste cruza una zona muy llana cubierta a partes iguales por casas bajas, de 2 pisos, y campos de arroz pequeños, muy parcelados.
Es curioso ver todo el cableado eléctrico y de teléfono por el aire. No sé porque no entierran los cables (¿será por los terremotos?)
Hemos pasado también junto a algún templo sintoista, con su cementerio adosado, lleno de lápidas de granito oscuro.
Aún no he hecho referencia al calor que hace y al 80% de humedad que tenemos. El cielo parcialmente nuboso, pero na parece que vaya a llover por ahora.
Desde la estación de Tobu-Nikko hemos subido caminando por la calle principal hacia la montaña donde están los templos. Antes de llegar hay que cruzar un río.El puente que lo cruza ahora es de hormigón pero junto a el se conserva el antiguo puente de madera, pintado de rojo, que se recorta contra el verde del bosque que circunda toda la zona.
Hemos comenzado la visita por del Rinno-ji que es un gran templo en restauración, para lo cual han construido una gran nave que lo envuelve. En el interior conservan 3 grandes estatuas de madera dorada que representan tres estados de Buda.
Luego henos accedido a la zona de Toshogu, donde está el templo donde nace la idea de los tres monos donde uno se tapa los ojos, otro la boca y el tercero las orejas, con el significado de no ver, no decir y no oír cosas malas.
Por último hemos subido los más de 200 escalones hasta el templo de Futarasan, que es uno de los tesoros nacionales, con sus tallas doradas y sus Budas de jade.
Cada grupo de templos y altares está separado por un Tori, grandes puertas o arcos que dan acceso a cada unas de las plazas.
Hacia las 3 hemos bajado a comer al pueblo, es muy tarde para Japón, pero una agradable oba-san nos ha preparado un yakitori de pollo con aroz y fideos que estaba buenisimo. Cómo hemos sido los últimos clientes del día, nos ha ofrecido una copa de vino y después de hacernos una foto a nosotros, ha dejado que nos fotografiasemos con ella. HA SIDO LO MEJOR DEL DIA. Unas risas!
Después de comer, ya con menos ganas de andar, hemos vuelto a subir para ver el resto de templos, los que no se visitan por dentro. Muchos altares están en restauración y alguno está rodeado por andamios prisa los arreglos ya han debido comenzar.
Son especialmente curiosos los faroles de piedra y de metal que están repartidos por toda la zona de los templos. El día 2 de abril, que es el festival en la zona de Nikko, se encienden y se sube en romería con carros de madera engalanados con flores de cerezo: sakura.
Aunque aún es un poco pronto, ya hemos conseguido ver los colores del otoño: algunos árboles de hojas ocres y amarillas, castañas y nueces (aún verdes).
Ahora estamos en el tren de regreso a Asakusa, escribiendo estas letras.
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